UN ANÁLISIS DE LAS CONTINGENCIAS ANTE UNA EMERGENCIA SANITARIA GLOBAL Y LA NECESIDAD QUE RESULTA.

Por: Alejandro Barrios Noya


El 2019 fue sin duda un año muy particular para nuestro país, después de un periodo relativamente largo de estabilidad económica, social y política, terminó con una hecatombe política después de octubre y noviembre. Dos bloques sociales contrapuestos se confrontaron, tratando de validar su modelo de Estado y Democracia; el bloque social popular frente al bloque social conservador (con rasgos meramente urbanos). El desenlace ofreció un gobierno transitorio con una clara ilegitimidad, con una legalidad cuestionada y una falta de liderazgo, como bien lo detalla el analista político, Jorge Richter. (1)


A esta crisis política en la que se ve inmerso el país, llega una crisis sanitaria de dimensión global, lo que sin duda significaría inmediatamente una profundización de la misma, y en concatenación, un desmoronamiento económico y humanitario o social.


Aunque algunos se resisten y mantienen, con alto grado de miopía, su mirada en una cuestión meramente sanitaria, es importante ver más allá. Mi aporte apunta a contribuir precisamente con un análisis integral del fenómeno que estamos viviendo.


En cuanto a la emergencia sanitaria, todos los países en el mundo, sin excepción, están haciendo todo lo posible para contener y encontrar soluciones a la pandemia del coronavirus (COVID19). Líderes de todo el mundo pretenden convocar a la cohesión de sus sociedades con mensajes como: «estamos todos en el mismo bote» o «es hora de trabajar juntos». Si bien sus intentos de inspirar confianza son loables, quedan cortos en la lectura de sociedades muy diversas con realidades muy distintas y complejas, ya que el peligro real que representa el coronavirus ha revelado los defectos inherentes en la forma en que nuestras sociedades están organizadas y se reproducen.


La situación representa una prueba crítica no sólo a los sistemas de salud de cada país, sino también a los estándares de gobernanza y cohesión social, pues toda esta situación nos pone en evidencia muchas cosas que estaban siendo percibidas tímidamente y hasta ahora nunca abordadas, por ejemplo, el escenario internacional queda bastante cuestionado, tanto como sistema y gobernanza.

El deterioro de las relaciones internacionales se ha hecho palpable en estos meses. Preocupa de sobremanera la desunión, la desconfianza, falta de coordinación y cooperación tanto entre los países como entre la población con sus gobiernos.

Tres ejemplos concretos: Las Naciones Unidas ha perdido su calidad de portador de la antorcha del multilateralismo, su poder de convocatoria y capacidad resolutiva; la misma Unión Europea ha reprobado el examen, después de haber perdido su apoyo en los últimos años, ha confirmado que Unión es de lo que más carece; y Estados Unidos ha brillado por su ausencia y egoísmo.


En el caso de Bolivia, tuvimos “suerte” de alguna manera, al encontrarnos con un Estado aún no desmantelado, lo que va más allá de la buena o mala gestión del gobierno anterior, sino de una cuestión propia de un modelo político y que lógicamente corresponde a una propuesta ideológica.
Sin embargo, a pesar de tener un Estado con importante participación en lo económico y social, el gobierno transitorio de Bolivia, que cuenta, para afrontar la crisis sanitaria, con recursos propios y los que llegan de afuera en calidad de préstamo o donación, no está demostrando la capacidad política ni técnica suficiente para afrontar el desafío. En algunos casos, como ser: Oruro y Chuquisaca, los Servicios Departamentales de Salud fueron quienes condujeron a un nivel controlado y no alarmante a su población.


A la fecha el país tiene 300 casos confirmados de coronavirus y el gobierno presume que puede controlar la situación con aislamiento, improvisación y violencia (entendida ésta como la vigilancia y violación de los derechos fundamentales como la desprotección de alrededor de 400 bolivianos en frontera con Chile, restricciones socioeconómicas y criminalizando la pobreza). El gobierno no puede prevenir ni controlar un virus simplemente con aislamiento y cuarentena total, sino con información confiable para que la población acate las medidas, con intervención oportuna y masiva en lo sanitario y en la cobertura de necesidades básicas de supervivencia, con personal calificado, equipamiento e infraestructura suficientes. Corresponde decir en este punto, que si bien se avanzó en salud respecto al nivel de cobertura en el país en los últimos años, instaurando un Sistema Único de Salud (SUS), la coyuntura demuestra que ha quedado pendiente mucho en cuanto a la calidad y capacidad en la atención.


Por otro lado, las políticas paliativas a través de bonos que se van entregando, algo que se criticaba mucho al gobierno anterior, son parcialmente acertadas, o dicho de otra manera, son insuficientes e imprecisas cuando excluyen a sectores también vulnerables y descuidan a una masa importante que es la clase media, tanto ascendente como tradicional. Es muy probable que en meses próximos mucha gente vuelva a caer en niveles de pobreza y mucha otra tocar la pobreza extrema, cediendo lo que costó tanto como país avanzar hacia la reducción de estos indicadores.


El COVID19, ha puesto en evidencia en todos los países del mundo que, son los Estados la única instancia visible y capaz para asumir la pandemia y eso nos lleva a discusiones mucho más amplias.

Medidas impuestas a nivel global demuestran que el neoliberalismo y la globalización se encuentran interpeladas, por un lado quedaron relegadas las instituciones de carácter internacional y más aún el mercado, y fueron los Estados quienes asumieron la responsabilidad social, paralizaron la economía y cerraron las fronteras para los humanos y el comercio.
Queda la pregunta para después de este trauma, ¿van a permitir fácilmente las y los bolivianos y otras sociedades que desmantelen su Estado? ¿Van a ceder el rol social-protector (característica de un Estado socialista), al mercado y al capital privado?


En escenario local, probablemente esto signifique que cuando el Tribunal Supremo Electoral salga de la cuarentena, todas las organizaciones políticas en disputa deban revisar sus programas de gobierno respecto al rol del Estado y del mercado, principalmente las opciones más pro-capitalistas.
Otro aspecto que el COVID19 nos permite observar, son las dos caras del Estado en un momento de crisis sanitaria. Una de ellas descrita anteriormente y otra es que los gobiernos pueden –como se está viendo en Hungría–, aprovechar esta crisis para imponer regímenes totalitarios donde a través de la pregunta dicotómica de ¿privacidad o salud?, empiecen a vigilar y controlar con tecnología biométrica a toda la población, yendo a afectar derechos fundamentales, (como por ejemplo la libre expresión o libertad de opción política) y por lo tanto a un «desmantelamiento de la democracia».


En cuanto a la economía en cuarentena, es difícil aún predecir con cabalidad el impacto económico de la pandemia ya que los eventos aún se desarrollan: países encerrados bajo llave, fábricas y empresas operando a fuego lento, severa restricción de movilidad, colapso de los mercados financieros, pérdida de empleo, reducción en los ingresos personales y de los ahorros, todo esto causando angustia y pánico incalculables en todo el mundo, pero un desmoronamiento profundo de la economía global parece ser inminente.


La semana pasada, el Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steve Mnuchin, estimó que la tasa de desempleo en ese país podría alcanzar el 20%. Por otro lado, un informe de la institución financiera Goldman Sachs estima que el producto interno bruto de EE.UU. en el segundo trimestre podría contraerse en un 24%, lo cual dista mucho del récord anterior de 10% registrado en 1958. (2)


En consecuencia, en estos días EE. UU., prepara el rescate económico más cuantioso de la historia del capitalismo; ingentes cantidades de dinero para el engorde del sistema financiero y el endeudamiento, recursos que saldrán de la clase trabajadora. Queda claro que a EE.UU. no le queda interés de resolver la preocupación de otros, y su “liderazgo” global, en un mundo ahora multipolar, responde solamente al propósito de “make America great again”.


La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, dijo “el mundo se enfrenta a una crisis como ninguna otra”. Hace pocos meses, dijo que el FMI esperaba para este año un crecimiento positivo en la renta per cápita en 160 de los 189 países miembros. “Hoy, ese número se ha dado la vuelta: ahora proyectamos que más de 170 países experimentarán crecimiento negativo este año”. También advirtió que los mercados emergentes y las naciones de rentas bajas, del sur global, están en alto riesgo.(3)


Unos dirán, ¿pero eso qué tiene que ver con nuestros países?, otros dirán, ¿y qué nos importa Estados Unidos? Creo que la historia deja lecciones de las que hay que aprender. Son en los momentos de crisis de grandes dimensiones como la que se vive en este tiempo, cuando se han implementado políticas económicas como el Plan Marshall (después de la Segunda Guerra Mundial en Europa), los Planes de Ajuste Estructural (en los años 80 y 90, principalmente en el Sur Global) y todo lo que nos describe Naomi Klein en su libro “La doctrina del shock”, considerando un escenario actual de una guerra inter-imperialista. Todas esas políticas nos han llevado al nivel de concentración de la riqueza y el nivel de empobrecimiento de la gran mayoría.


Bolivia está en cuarentena total, con suspensión de actividades públicas y privadas, paralización de todo transporte de pasajeros, cierre de fronteras y una reducida autorización de circulación de personas, con vigencia, de momento, hasta el 15 de abril.
Actualmente se están implementado algunas medidas que son entendibles, incluso en algún caso acertadas pero también considero otras erradas. El Banco Central de Bolivia, ha otorgado 500 millones de dólares al sistema financiero y a las grandes empresas bolivianas, recursos provenientes de los fondos de pensiones de la clase trabajadora poniendo en riesgo la esperanza de una jubilación digna. Además se maneja la opción de devolver a los aportantes a las AFP un cierto porcentaje. Ambos planteamientos apuntan inyectar dinero a la economía para dinamizarla y no afectar al gasto, Será interesante hacer un cálculo econométrico para ver cómo afectan la tasa de inflación.


Queda aún pendiente saber si en un futuro cercano, otras medidas económicas, como: la política de precios priorizando el mercado interno más que la exportación (abastecimiento u oferta interna); el déficit fiscal (recaudación tributaria y el gasto público); el valor nominal de nuestra moneda frente a otras monedas extranjeras; el rol de las empresas públicas; y la inversión pública, van a mantener la lógica de ser factores dinamizadores de la economía o nos van a plantear otro modelo económico. Es una pregunta clave para ver cómo reactivar nuestra economía a mediano y a largo plazo.


Finalmente, habiendo descrito los ámbitos sanitario, político y económico, hay que ser conscientes que todo desemboca en la afectación humanitaria, porque algo que queda claro es que el coronavirus es un recordatorio de las desigualdades e injusticias social y económica que se vive en las distintas sociedades. En estos meses salen a flote realidades duras ya existentes conocidas como «enfermedades de la pobreza” que matan diariamente cientos de miles de personas y a quienes la pandemia y las acciones que se toman en los diferentes países, las azota con mayor dureza.
Específicamente identifico algunos sectores como los más vulnerables: los trabajadores del sector privado, campesinos, los independientes informales y las mujeres. Lo más probable es que el sector privado ajustará sus cinturones para transferir las pérdidas a los trabajadores, afectando sus derechos laborales siendo despedidos o reduciendo sus salarios, y la población con menores ingresos a través de los precios. A nivel mundial, (con similar tendencia a nivel nacional), alrededor del 80% de los pobres extremos viven en zonas rurales y el 65% de ellos trabajan en el sector agrícola. (4)

Hoy, una combinación letal de actividades especulativas en el mercado y las interrupciones en la producción pueden llevar a la pobreza rural al borde. Muchas mujeres por su lado, durante la cuarentena están conviviendo las veinticuatro horas del día con sus agresores, contando con limitada atención para la denuncia. Son ellas quienes mayoritariamente asumen los roles del cuidado no remunerado, teniendo a todos en casa, sobre todo los niñ@s, sus tareas se han incrementado en gran medida. La economía informal está prácticamente paralizada y es el sector que vive con lo que genera día a día, a eso, el 75% de la economía informal en el país está cubierto por mujeres. (5)


La pandemia COVID19, pone tantas cosas en la mesa. A manera de conclusión lo que queda decir es que este 2020 puede ser un hito en la historia del mundo. Nada puede volver a ser como antes. Las emergencias aceleran procesos históricos. O esto toma un curso de profundizar las más grandes injusticias o de aquí brota una esperanza de cambio. Yo espero que la necesidad sea vista como un nuevo destino.
*El presente artículo ha sido escrito en fecha 11 de abril de 2020.


(1) https://www.facebook.com/jorgerichterpolitologo/videos/2507565619558870
(2) https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-52013707(3) https://elpais.com/…/el-fmi-preve-que-la-pandemia-provocara…
(4) www.foodsov.org
(5) Información recabada de la red “La Coordinadora de la Mujer”.

Por admin

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *