Por: Miguel Villafranca

La injerencia e influencia de Estados Unidos en las políticas de los países latinoamericanos es un hecho histórico y actual. Esto también venía ocurriendo en Bolivia, hasta que llego el proceso de cambio y el Presidente Evo Morales expulsó de las instituciones del Estado a EE.UU, a su Agencia Antidrogas (DEA) y, a la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos, entre otras acciones como la nacionalización de los recursos naturales, que cortaron de raíz el dominio directo de EE.UU sobre Bolivia. Esto ocurrió tras la insurrección popular que derribo al presidente Sánchez de Lozada y su ministro Carlos Sánchez Berzain, culpables de las masacres del “octubre negro” (crímenes por los que ninguno de los dos se responsabilizan y permanecen impunes). Tras esto hábilmente el Vicepresidente Mesa se convirtió en  Presidente  y continúo las políticas neoliberales de excusión social hacia un 80% de bolivianos que vivían en la pobreza. La oposición incluido Carlos Mesa, tienen un perfil derechista y neoliberal al modo de Sánchez de Lozada, quien puso a Bolivia al servicio  de EE.UU y del FMI.

La oposición de derecha no presenta un plan de gobierno que puedan competir con la agenda 2020 – 2025 del actual gobierno del MAS, que más allá de errores y deficiencias,  ya ha demostrado una gestión exitosa y al servicio de todos los bolivianos y reconocida internacionalmente.

El Gobierno del MAS trabaja para todo el pueblo, mientras realiza una política pragmática avalada por gran parte de la población y conveniencia de las élites del país, que multiplican sus fortunas* mientras realizan un fuerte lobby sobre las decisiones del Estado en favor de sus intereses.

Pese a sus beneficios la oposición de derecha empresarial confabula con EE.UU en sus injerencias políticas, a través de la CIA y su brazo la Nacional Endowment for Democracy (NED), que operan en Bolivia con asesoría y financiamiento a todo tipo de organizaciones políticas, sociales y ONG de forma camuflada. Mientras realiza injerencia directa, como la del Partido Social Liberal del presidente fascista de Brasil Bolsonaro, quien vino públicamente a apoyar a grupos violentos y antidemocráticos de la ultraderecha en Santa Cruz, para ayudar a tratar de derribar, así lo manifestaron, al Gobierno del Presidente Evo Morales. Bolsonaro sigue directamente las órdenes de EE.UU y la CIA para apoyar la nueva reconquista de Latinoamérica por el imperialismo y ataca fuerte al Gobierno de Evo Morales.

Bolsonaro es ejemplo de cómo EE.UU encumbra a Presidentes a través de medios y redes sociales que difunden información manipulativa y noticias falsas o ‘fake news’ y que consiguen influir en los votantes para instalar gobiernos a su servicio como sucedió en Argentina, Brasil y Paraguay entre otros.

EE.UU pretende dominar toda América Latina y sus arremetidas políticas y campañas mediáticas ya están en marcha para recuperar Bolivia en las elecciones presidenciales de octubre por medio de alguno de sus pupilos políticos y derribar el Gobierno de Evo Morales y el Proceso de Cambio.

Conclusiones y preguntas inquietantes para la reflexión colectiva:

¿Que pasara en Bolivia si los candidatos opositores promovidos por EE.UU no ganan las elecciones de octubre próximo? ¿Recibiremos bloqueo económico y amenazas de invasión militar, como las que sufren Cuba, Nicaragua y Venezuela, por defender sus soberanías, políticas y sus recursos naturales?

¿Qué pasará si ganan los opositores servidores de EE.UU? ¿Se acabaran los bonos sociales de redistribución de la riqueza y los avances sociales para todos? ¿Las clases medias disminuirán y regresaremos a más pobreza bajo las órdenes del FMI?, ¿Como sucede en la Argentina neoliberal del presidente Macrí? ¿Volverán al poder los militares y la oligarquía, con su racismo, ataques contra las mujeres y con la infancia abandonada?, ¿Se privatizará el agua, los territorios indígenas y la educación?, ¿Regresará la represión, la falta de libertades y derechos democráticos, como en Brasil con un Bolsonaro boliviano dirigido por EE.UU?

Bolivia está en serio peligro de perder, no solo un buen gobierno en las elecciones presidenciales del 20 de octubre, sino su estabilidad política, económica y todos sus avances crecientes y su soberanía. El pueblo manipulado o no lo decidirá en las urnas.

Recordemos el pasado reciente, pensemos en el futuro de nuestros hijos-as y actuemos en consecuencia, para seguir sembrando futuro.

* Artículo recomendado para más información: https://www.celag.org/intereses-eeuu-bolivia-mas/