Por: Fabiola Omonte Montero

 “La participación en acciones colectivas es parte importante del proceso de ciudadanización, porque las luchas sociales son también luchas por derechos ciudadanos reconocidos jurídicamente y que han sido conquistados desde abajo” Luis Tapia.

Resumen

La Asamblea Constituyente en Bolivia que tuvo su punto culminante con la promulgación de la Constitución en 2009, fue un escenario que perfilo la gran oportunidad de concentrar a representaciones de diversos sectores sociales excluidos y discriminados históricamente,  como indígenas de tierras altas, medias y bajas, colectivos L.G.B.T.I.S (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales, Trans géneros, Intersexuales), a jóvenes y mujeres, en la inclusión de sus demandas. A partir de todo aquello han transcurrido diez años desde su promulgación, como resultado de un proceso que cobró fuerza nutrido por el rol protagónico de las movilizaciones sociales (Guerra del Agua en el 2000 y Guerra del Gas en el 2003) y sobre todo del rol que ejercieron mujeres que desde sus condiciones y posiciones marcaron el trazo histórico en la reivindicación civil y política de derechos, y que actualmente dicho reconocimiento ya no es suficiente para acabar con las formas de opresión y de exclusión de género, exigiéndose una reconvención global de los modelos de desarrollo o transformaciones concretas, inmediatas y locales  como lo plantean los nuevos movimientos sociales de y desde las mujeres.

Desarrollo

 

Estudiar a los movimientos sociales aun sigue siendo un tema de debate y análisis en nuestro país sobre el cual no se ha perdido interés por lo menos en el ámbito académico y mediático, siendo por ejemplo que desde el mismo Estado se están impulsando trabajos de investigación como es el caso del C.I.S. (Centro de Investigaciones Sociales de la Vicepresidencia)  coordinado por  Mariana Zeballos (2018), de igual manera las O.N.G.s han realizado aportes referente a movilizaciones indígenas y así también, como en el caso que nos interesa, sobre movilizaciones de mujeres. Al respecto es importante mencionar el estudio realizado por Denise Arnold y Alison Spedding titulado “Mujeres en los Movimientos Sociales en Bolivia 2000 – 2003”, trabajo que si bien se lo realizó hace catorce años es un referente esencial sobre el accionar de las mujeres al interior de los movimientos sociales, sus formas de participación en las luchas reivindicativas y su nivel de éxito en relación a la incorporación de sus propias agendas en las agendas sectoriales, departamentales y nacionales, al igual que la investigación realizada por el PIEB (Programa de Investigación Estratégica para Bolivia) sobre “Mujeres y Movimientos Sociales en el Alto: Fronteras entre la participación política y la vida cotidiana” Coordinada por Jesús Flores en el año 2007.

La sociología no ha sido ajena al estudio de los movimientos sociales pudiéndose encontrar una variedad de autores desde diferentes enfoques y teorías como Sydney Tarrow que los ha estudiado desde sus orígenes, incorporando el concepto de “oportunidades políticas” en el sentido de que los Estados son el objetivo de las acciones de movilización, que utiliza aparatos de represión y a su vez también es el mediador para resolver los conflictos, por lo que los movimientos sociales son generadores de oportunidades políticas para el avance de las reivindicaciones sociales. Alan Touraine es otro teórico de gran importancia en nuestro tiempo que se ha dedicado a estudiar el surgimiento de los “nuevos movimientos sociales” en los que entrarían las luchas ecologistas, pacifistas, anti raciales y feministas, que si bien se dirigen al Estado no se relacionan con la política formal a diferencia por ejemplo de las movilizaciones campesinas. La corriente post-marxista también se ha pronunciado al respecto, criticando a la vieja izquierda por ser muy reduccionista al plantear que al acabar con el capitalismo también se acabaría la opresión a los obreros  y por ende la opresión a la mujer, desconociendo que el asunto es mucho más complejo, siendo el caso de la revalorización del trabajo de la mujer con la economía del cuidado planteado desde el feminismo económico.

Es desde las diferentes corrientes del feminismo europeo, latinoamericano y por supuesto desde un feminismo más cercano, el Boliviano, que se han impulsado los procesos reflexivos, analíticos, y de movilización contra un sistema de dominación patriarcal representado en el aparato estatal, el cual a través del mecanismo ideológico de “ciudadanía” a categorizado en ciudadanas de segunda a todas las mujeres a través de una hegemonía económica, política y cultural que a su vez a negado otras formas de ciudadanía, y  no sigue las formas tradicionales de la organización política.

Mucho se ha dicho mediáticamente y sobre todo en redes sociales sobre los movimientos feministas principalmente en el sentido de desacreditar y desvirtuar el sentido ideológico y sus objetivos de lucha al plantearlo como “Hembrismo” o que se busca que las mujeres quieren sobreponerse y dominar a todos los hombres y todo lo que ellos llegan a representar, como lo ha mencionado Darwin Pinto (2019) en el articulo “La ideología de género un caballo de Troya” desconociendo la diversidad de mujeres y la diversidad de luchas que existe dentro de la diversidad misma de nuestro país, siendo que no hay un único movimiento feminista mas al contrario hay feminismos.

En lo que respecta a nuestro país se ha ido estableciendo de manera muy marcada la presencia de dos tipos de movimientos feministas bien identificados, el feminismo reformista que no cuestiona la economía capitalista buscando instituir cambios que convertirán la igualdad nominal en una realidad practica (cuotas electorales para mujeres, remuneración igual en el empleo asalariado, etc.) y por otro lado el feminismo radical que propone que no se lograra la liberación de las mujeres sin una transformación de fondo de la sociedad y que tiene su representación en el colectivo de Mujeres Creando (Arnold, 2005); por otra parte el feminismo indígena es otra corriente que ha estado cobrando una gran significación desde la postura de la “colonización interna” como plantea Silvia Rivero en una serie de ensayos escritos en el libro “Violencias Re-encubiertas” en la que la dominación ejercida a las mujeres de forma violenta se da desde la colonización por doble partida, en una compleja dominación colonial y a la vez patriarcal, considerándose la vía de la indianización para la descolonización que implica entre otras cosas la posibilidad de reasumir el poder simbólico y el poder social que tenían las mujeres en la época prehispánica.

No se puede dejar de lado a los movimientos sociales urbanos contemporáneos que se caracterizan por el uso de las NTIC (Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación) que emergen como oportunidades para la renovación democrática asumida como simbología de la juventud como menciona Rubio (2012) “Las movilizaciones de los jóvenes son debidas a su malestar o necesidad de expresión, pero no son productos de la tecnología (…) lo que internet y la tecnología han permitido es poner en evidencia las fisuras del control de la información. Las activistas jóvenes [en su mayoría] utilizan las redes como herramienta de comunicación y difusión en el que se puede establecer quizás una comunidad o cultura más horizontal”, las acciones de protesta pueden ejercerse en forma de huelgas, bloqueos pero también puede consistir en protestas desde los espacios simbólicos virtuales (envió de cadenas, infografías o memes) que en cualquier caso, la presión de la opinión pública sobre los gobiernos, las multinacionales y los grupos denunciados puede surtir efecto en la dirección del cambio propuesto y también puede producir un cambio profundo en las mentes de las personas (Castell), donde la acción colectiva no está comenzando necesariamente por organizaciones establecidas sino que parte de redes, cadenas informales de usuarios y usuarias que tienen relaciones entre ellas como contactos. Es por eso que las ONG (Organizaciones no Gubernamentales) y colectivos feministas gradualmente han aumentado el uso de las redes sociales sobre todo para denuncias sobre casos de violencia, creación de plataformas y observatorios que permanentemente van generando reportes estadísticos sobre violaciones y feminicidios, artículos, asesoría y hacen campañas sobre la  despenalización del aborto en correlación con las demandas de la tercera ola del feminismo que giran en torno a la soberanía del cuerpo como territorio de lucha política. Al respecto el internet puede tornarse en un arma poderosa dependiendo en qué manos se encuentre y los propósitos que persiga, como es el caso del contra movimiento de la ideología de género “Con mis hijos no te metas” de tendencias homófobas y ultraconservadoras que tiene como uno de sus representantes al candidato a la presidencia Víctor Hugo Cárdenas.

Conclusiones.

Las nuevas movilizaciones han hecho evidente la crisis de la modernidad en las que se han identificado nuevas formas de opresión que sobrepasan las relaciones de producción como es el caso del machismo. Es desde las movilizaciones como se dijo al principio, de y desde las mujeres que se ha podido comprender que el sistema patriarcal junto con el modelo liberal, fundado en el sistema capitalista, ha construido ciudadanías diferenciadas limitando la inclusión de mujeres en las nociones de ciudadanía.

En estos diez años de aprobación de la NCPE se identifica  que el denominador común en las posturas reivindicativas es la diversidad así como lo es una caja de lápices de colores, por lo que no es posible someter las movilizaciones feministas a una sola combinación, en eso radica su riqueza como componente político de lucha, y que no se puede hablar a nombre de todas las mujeres, mas al contrario hay que reconocer la heterogeneidad atravesada por distintas historias y prácticas de opresión por diferentes modos de experimentar la construcción de sus identidades de género que se interrelacionan y articulan entre si y entre otras formas de dominación machistas y no machistas..

Referencias bibliográficas:              

Castells, M. (2012). Redes de Indignación y esperanza .

Denise Arnold, Alison Spedding. (2005). Mujeres en los movimientos sociales en Bolivia 2000 – 2003. La Paz: CIDEM.

Flores, J. (2007). Mujeres y Movimientos Sociales en el Alto: Fronteras entre la participación política y la vida cotidiana. La Paz: PIEB.

Rivero, S. (s.f.). Mujeres indigenas del silencio a la voz pública. Género, etnicidad y opción sexual , (págs. 29-51).

Santos, B. d. (2001). Los nuevos movimientos sociales. OSAL, 177-183.

Tarrow, S. (1997). El poder en movimiento. Los movimientos sociales, la acción colectiva y la politica . Madrid: Alianza Editorial.

Touraine, A. (2000). La producción de la sociedad. Mexico: UNAM.