El hombre llega a conocer su entorno material y social, del cual es parte o elemento inseparable, mediante un complejo proceso de aprendizaje el cual lo educa y capacita, que equivale a decir, lo faculta para interactuar con ellos de manera lógica y dialéctica, sustentadora de su necesario desarrollo sostenido y sostenible. Dr. Troadio Lino Gonzales Pérez.

La tendencia pedagógica de Frey, convoca a la búsqueda de soluciones, mediante la reflexión, del cambio de las relaciones que deben establecerse, de forma lógica, entre el individuo, la naturaleza y la sociedad; propugna en esencia la liberación de la persona, sin uniformarla y mucho menos someterla, a través de los sistemas de instrucción oficial. Concibe la concientización, en el de transformación de las estructuras mentales para que la conciencia se torne dinámica, ágil en un redimensionamiento dialéctico que haga posible su influencia en acciones transformadoras de las condiciones sociales existentes y del propio individuo, hacia su mejoramiento y perfeccionamiento sostenidos.

La Pedagogía Liberadora está presente en el desarrollo individual creador donde el educador interviene, de alguna manera, en su guía y conducción facilitadora de su máxima expresión, ya no es el centro del universo el educador.

Así mismo analizando el aporte de Xavier Albó C. y Franz X. Barrios Suvelza,  en su propuesta  “Por una Bolivia plurinacional e intercultural con autonomías”, con sus diferencias, examinamos la educación y su proceso dialéctico.

La Educación es universal, única y diversa, porque atiende con calidad, pertinencia cultural y lingüística en todas  las  regiones  del  país.  Única  en  calidad,  diversa  a  la  aplicación  y  correspondencia  a  cada contexto.

Es  descolonizadora,  liberadora,  anti-imperialista  revolucionaria  y  transformadora  de  las estructuras económica, social, cultural, política e ideológica, orientada a la autodeterminación, la reafirmación de las naciones indígena-originarias, afro-boliviana y de la nacionalidad boliviana.

Es comunitaria, democrática participativa de consensos para la toma de decisiones en la gestión de políticas educativas públicas dentro del marco de la unidad en la diversidad.

Es intracultural e intercultural plurilingüe, porque articula un sistema educativo estatal desde el potenciamiento y desarrollo de la sabiduría, lengua propia de las naciones indígenas originarias, donde se interrelacionan, conviven en igualdad de oportunidades, valoración y respeto recíproco entre las culturas del país y del mundo. Es productiva y territorial, orientada al trabajo y desarrollo sostenible que garantiza procesos de producción, conservación, manejo y defensa de los recursos naturales, fortaleciendo la gestión y control territorial de las naciones indígenas originarias.

Es científica, técnica y tecnológica, porque desarrolla los conocimientos y sabiduría desde la cosmovisión de las culturas milenarias en complementariedad con los avances de la ciencia y la tecnología para contribuir al desarrollo integral de la humanidad.

Es laica y pluralista, porque respeta la espiritualidad de cada cultura, la libertad de creencias, promueve  los valores propios y rechaza todo tipo de imposiciones dogmáticas.

De  momento  se  autocalifica  como  una educación  descolonizadora,  se  mueve  todavía  mucho  al  nivel  de  grandes  propuestas  y principios declarativos, sin llegar a desarrollar los instrumentos operativos para que así ocurra. Queda por delante la inmensa tarea de cómo hacerlo y todos sabemos muy bien que  “otra cosa es con  guitarra”.  No  sería  raro,  por  ejemplo,  que  a  la  hora  de  la acción los promotores de la propuesta de un proceso participativo “de consensos” tengan que tomar decisiones operativas sin llegar a tal consenso.

Muchos cuestionan también, con buenas razones, que es difícil plantear una genuina interculturalidad si no  se  cuestiona  a  su  vez  la  asimetría  de  las  relaciones  sociales,  económicas  y  culturales  entre  los  de  la cultura  dominante  y  los  de  las  culturas  oprimidas.  Por  eso  plantean  ahora  como  eje  fundamental  de  la educación su carácter descolonizador.

Caracterizando los autores de esta propuesta de forma didáctica indican: esta nueva  propuesta  sobre  educación  descolonizadora  como  una  Educación Intra e Intercultural, Plurilingüe, Participativa y Productiva (es decir, la sigla mnemotécnica EIIPPP). Este enfoque recoge, expande  y  complementa  dos  elementos claves  promovidos  ya  desde  la  anterior  Reforma  Educativa,  a  saber,  la  Educación Intercultural  Bilingüe (EIB), que ahora se amplía a EIIP;  y la Participación Popular en todo  el  proceso  educativo.  Añade  además  la  dimensión  productiva,  mencionada  pero apenas implementada por la anterior reforma, quizás por haberse concentrado demasiado en sólo los primeros ciclos de primaria.

Su  insistencia  de  partida  en  lo  intra-cultural  y en   lo  participativo  comunitario, aparte de su crucial importancia didáctica  y psicológica  (hay que empezar siempre  por fortalecer lo propio) tiene que ser un útil instrumento para la formación del Estado Plurinacional.

El siguiente énfasis complementario en lo plurilingüe se traduce más adelante en la triple meta de que todos los bolivianos sepamos (a) una lengua originaria local, más (b) el castellano para entendernos entre todos en el país y América Latina y (c) el inglés, para abrirnos al mundo; toda la población boliviana tendría así tres herramientas comunicativas  e  interculturales  que,  bien  utilizadas,  son  muy pertinentes  para  lo  que  a veces  se  ha  llamado  la  globalización,  es  decir,  una  globalización  alternativa  que  surja desde  abajo  y  desde  lo  local,  como  contrapunto  a  la  actual  globalización  que  se  nos quiere imponer desde los centros de la economía neoliberal.

Se  lo  plantea  también desde  una  perspectiva  intra  e  intercultural  y con  un  desarrollo  científico  y tecnológico que impulse a la vez “los conocimientos y sabiduría desde la cosmovisión de las culturas milenarias”  y  los  complemente  con  “los  avances  de  la  ciencia  y  la  tecnología”  para “contribuir   al   desarrollo   integral   de   la   humanidad”.   Si   se   la   llega   a   desarrollar operativamente y con una base educativa sólida, podrá contribuir a fortalecer uno de los puntos más vulnerables y urgentes de la nueva estructura del país, a saber nuestra solidez económica, sin que caigamos en la ilusoria borrachera de gastar y consumir sin más los fáciles  ingresos  por  el  gas  sino  invertirlos  en  la  consolidación  de  una  nueva  economía propia y de base ancha.

En  todo  lo  anterior,  tanto  en  el  campo  como  en  la  ciudad,  el  componente transformador  más  fundamental  es  la  formación  docente,  sobre  todo  de  las  nuevas promociones egresadas de los institutos normales superiores y de las carreras pertinentes en la universidad. Nunca será excesivo lo que se invierta en esta tarea y buena parte de las deficiencias en la implementación de la EIB y otros aspectos de la Reforma Educativa de  1994  se  deben  a  descuidos  en  la  formación  docente  tanto  inicial  como  permanente. Esencial  en  esta  formación  docente  será  la  combinación  del  contenido  más académico  con  en  el  fortalecimiento  de  nuevas  actitudes,  conductas  y  valores  para  la construcción de la sociedad bien enraizada en nuestra realidad y, a la vez, abierta a todos. Una  de  las  deficiencias  de  la  Reforma  fue  precisamente insistir  más  en  las  destrezas cognitivas  y  prácticas  que  en todos  estos  valores.  Para  ello,  tanto  en  la  formación docente como en la práctica ulterior en el aula hay que poner una atención especial en el llamado  currículo  oculto,  que  delata  qué  es  lo  que  está  más  en  lo  profundo  de  las personas  y  las  estructuras.  Mientras  este  currículo  oculto  siga  destilando  una  línea contrapuesta  a  la  aquí  señalada,  quiere  decir  que  aún  no  hemos  tocado  fondo  en  la transformación del sistema educativo.

Lograr un  enfoque  intra  e intercultural en la  educación superior va mucho más allá de sólo la formación docente, debe existir una REVOLUCIÓN al interior del sistema universitario o el pueblo decidirá su futuro. Son muchas las carreras cuyo currículo debiera modificarse para que incorporen la dimensión intercultural propia de cada disciplina. Es más probable (pero no siempre evidente) que esta dimensión se haya incorporado ya de alguna manera en las ciencias de la educación, en la lingüística y en las ciencias sociales y políticas. Pero su inclusión es igualmente importante  en cualquier carrera que prepare a futuros servidores públicos en otras muchas disciplinas. Lo mínimo que todos estos futuros profesionales y servidores públicos  deben  tener  es  la  capacidad  de  comprender  y relacionarse  de  manera  positiva con la gente culturalmente distinta con la que después deberán codearse e intercambiar de manera regular.

El currículo necesita una profunda y detallada revisión con un acento que específicamente asegure el enfoque intercultural de cada disciplina. Algunos analistas  se preguntan: ¿Cómo  un  juez  o  abogado  podrá  ejercer  adecuadamente  el  derecho  si  no  se percata   de   que   en   el   ambiente   en   que   se   mueve   existe   también   el   derecho consuetudinario? ¿Cómo un  médico o enfermera podrá atender debidamente a pacientes cuyas  concepciones  sobre  la  salud  y  sus  prácticas  curativas  parten  de  otros  supuestos culturales? ¿Por qué fracasan tantas propuestas de planificación y desarrollo elaboradas de manera sofisticada pero sólo desde un escritorio, sin conocer los condicionamientos, prioridades y oportunidades concretas de la población a la que se pretendía ayudar? ¿Se conoce  o  siquiera  se  tiene  conciencia  de  que  cada  pueblo  originario  tiene  su  propia sabiduría  popular  acumulada  en  temas  como  el  control  de  su  salud,  el  conocimiento  y manejo  de  su  medio  ambiente,  la  solución  de  conflictos  y tantos  otros?  ¿Y  cómo  esos médicos,  jueces  y  abogados,  técnicos  en  desarrollo  podrán  llegar  a  comprender  estas diferencias y comunicarse con aquellos a quienes pretenden servir si ni siquiera entienden su lengua y menos todavía la hablan?

Será siempre oportuno abrirse a los conocimientos, a las nuevas tecnologías y demás innovaciones que se van produciendo y acumulando en el resto del mundo. Pero no  para  copiarlo  todo  sino  para  cotejarlo  de  manera  crítica  y  constructiva  con  nuestra realidad y evaluar su propio potencial así como sus limitaciones. También en esta apertura al mundo debemos ser interculturales con los pies bien puestos en nuestra identidad y realidad y a la vez con los ojos, oídos y brazos bien abiertos al mundo, para decidir después con nuestra cabeza y también  con  nuestro  corazón,  de  manera  crítica,  autónoma  y selectiva,  lo  que  más  nos conviene para la nueva sociedad plurinacional e intercultural que todos soñamos con  UNA EDUCACIÓN MAS ALLÁ DE LA EDUCACIÓN.