Por: Win Kamerbeek Romero

La contundencia del fallo en la Corte Internacional de Justicia de La Haya contra Bolivia ha dejado casi sin respuesta a todas las élites bolivianas. Unos culpan a las mismas élites, otros piden la renuncia del presidente Morales y otros, los que aprovechan de sacar rédito de la coyuntura, dicen que el fallo en contra “se veía venir” porque, provoca risa, el mar solo se recupera de la misma forma en que se lo ha perdido. No obstante, el panorama no es tan negativo: a lo largo de estos costosos años –en Chile se dice que el proceso ante La Haya habría costado 24 millones de dólares a su gobierno, mientras que esa es información confidencial en Bolivia– se ha visto una creciente influencia de Bolivia a nivel regional y, como efecto, los gobernantes chilenos se han visto incómodos ante las arremetidas de Morales, Mesa y la estrategia comunicacional del gobierno boliviano que, en términos sencillos, era abrumadora para la parte chilena. Cabe decir que no fue un resultado esperado por el gobierno chileno: ejercicios militares en la frontera con Bolivia días anteriores al 1 de octubre de 2018 dicen ya algo, como también la numerosa delegación boliviana en La Haya frente a los poquísimos representantes chilenos el día del fallo. En suma, no fue un resultado esperado por cualquiera de las partes, pero también revela que en Bolivia había una excesiva confianza en un resultado positivo. Entonces, ¿qué hacer? Unos dicen “ser creativos”, pero también sale a luz el proyecto del Corredor Bioceánico ¿Están preparadas esas élites para tal proyecto? ¿Las regiones?

Los aspectos positivos del fallo

No es suficiente quedarse con la lectura de la derrota de 12 a 3 en La Haya. No apunta a mucho más que el descrédito –en crecimiento, cabe decirlo– del equipo jurídico boliviano, de Evo Morales y no tanto de Carlos Mesa y el resto de políticos que apoyaban enceguecidos la estrategia que se presentaba ante la Corte Internacional de Justicia. La Corte Internacional de Justicia reconoció –y por tanto Chile también– que hay una cuestión no solucionada entre ambos países, que el Tratado de 1904 no ha resuelto la controversia entre Bolivia y Chile. Además, en un fallo anterior, la Corte Internacional de Justicia había dicho ya que cuando Bolivia  fue un país independiente, lo era con una salida al mar, con un acceso soberano de 400 Km, que luego fue invadido por Chile en la Guerra del Pacífico. Esta ya es una primera victoria, si tan solo se toma en cuenta que en Chile se decía por muchos años que las élites bolivianas y peruanas, unidas, buscaban expandirse frente a Chile y que se “apoderaban”, al menos en el caso boliviano, de territorios en los que la mayoría se sentía chilena. O sea, que para las élites chilenas,  la Guerra del Pacífico, antes de ser una invasión, solo fue la reconquista de territorios que pertenecían natural y esencialmente a Chile; esta es una imagen que, ante la opinión internacional, ha cambiado a favor del argumento boliviano.

Hace 5 años, era impensable encauzar la opinión hacia un espacio favorable a Bolivia. Me explico: la diferencia entre ahora y hace 5 años es que hoy, ambas partes, han reconocido tácita o explícitamente que el Tratado de 1904 no resolvió los problemas pendientes entre ambos países y que, más importante, que lo de Chile y lo que respecta  a los acercamientos con el gobierno boliviano en los últimos 100 años fue tan solo una dilación, en el sentido que nunca hubo una real intención de negociar una salida al mar para Bolivia. Es cierto, los acercamientos entre la diplomacia de ambos países no significan un compromiso a negociar, pero lo que se acepta, entre líneas, es que la posición ambigua de Chile generó expectativas en Bolivia y que aquí hay una cuestión que atraviesa las élites chilenas: contener a Bolivia y suspender todo tipo de negociación a través de acercamientos o notas.

Es necesario acotar que esta victoria tiene referencia con una élite boliviana que, con un fuerte compromiso nacionalista, un nacionalismo intenso, logra llevar por primera vez a esa élite chilena que contenía a Bolivia por muchísimas décadas. Al hacerlo, desprestigia a las élites chilenas y revela las fuertes contradicciones en Chile. No es necesario indagar en el apoyo a la causa marítima por el Frente Amplio chileno, como tampoco en las reacciones de las élites chilenas frente al avance comunicacional boliviano. En todo caso, la demanda ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya ha puesto en evidencia que las élites chilenas no tienen ni tuvieron la intención de otorgar un centímetro de su costa a Bolivia, ni de diálogo. Aquí se debe ser “creativo”: está claro que, desde el 1 de octubre, la estrategia debe ser otra. La integración económica a través del Corredor Bioceánico está quedando atrás: ya se usan otras vías, como el Corredor Ferroviario Bioceánico Central, que conectaría Santos (Brasil) e Ilo (Perú), y no pasa por Bolivia, o el Corredor Aconcagua, que conecta Buenos Aires (Argentina) y Valparaíso (Chile).

La cuestión de la integración bioceánica y la respuesta del sur boliviano

Lo de la integración entre Atlántico y Pacífico, no es algo que ha pasado desapercibido al gobierno boliviano. De hecho, refuerza una visión: que Bolivia debe ser el centro de integración en la región. A nadie debe serle indiferente que la influencia de Bolivia a nivel internacional es creciente, y que el proyecto del tren bioceánico entre Brasil – Bolivia – Perú va en esta vía: son 3755 Km de recorrido, de donde el 50.4% pasa por Bolivia, 40.5% por Brasil y 9% por Perú. Pero siendo rigurosos, el proyecto de tren bioceánico entre los tres países consolida al eje económico de Santa Cruz – Cochabamba – La Paz y deja a las regiones del sur y norte, casualmente menos ricas, con pocas posibilidades de integración y desarrollo. Por un lado, por la poca infraestructura caminera y ferroviaria en estas regiones; por otro lado, que al menos en el caso del sur, las élites todavía se mantienen enfocadas en lo regional, en el caso de Chuquisaca, queda decir, se ha discutido muy poco sobre una integración al eje económico boliviano o, en todo caso, sobre salidas de integración con, por ejemplo, la producción de soya de Paraguay o el noreste argentino.

Existen 4 propuestas que se han discutido en Chuquisaca, tomando en cuenta la posición geográfica del departamento y que por esto, puede ser un centro de articulación para los departamentos del sur. En un evento organizado por CAINCO en Sucre, el investigador Javier Reyes Pacheco proponía el proyecto “red FFCC Centro Ferroviario Sucre” que contemplaba la integración de Chuquisaca y Bolivia con el mercado soyero de Paraguay, con una vía férrea entre Sucre y Paraguay, que luego se integraría con el eje del centro de Bolivia, a través de una vía férrea entre Sucre y Cochabamba. Reyes Pacheco identificaba, como el resto de las propuestas, que en Chuquisaca no existe la infraestructura –de existir, decía Reyes Pacheco, son vías férreas que son muy delgadas para transporte de carga masiva– pero tampoco la voluntad política por potenciar a la ciudad de Sucre con, por ejemplo, una terminal bimodal o  una zona libre de aranceles. Franklin Durán, en el mismo evento, proponía por su parte a Chuquisaca como un “Centro de Actividad Logística y Conectividad Portuaria”, es decir, la consolidación de Sucre como un “Puerto Seco”: una iniciativa en la que están integrados Centros de Producción, Centros de Consumo, Centros de Transporte, Centros Logísticos, Terminales Portuarias, Terminales Aéreas, Terminales TIR, Áreas de Consolidación y Desconsolidación, y Depósitos, todo en una Comunidad Integrada en la que el Sector Público y Privado trabajan. Aquí, la cuestionante de nuevo es que no existe infraestructura caminera y que lo que debe existir es una integración al eje económico boliviano a través de la carretera “Y” de la integración, con Santa Cruz y Cochabamba, además de concluir la carretera entre Sucre y Oruro, esperar la conclusión de Aiquile–Pto. Arce–Santa Cruz y solucionar la vinculación ferroviaria entre Sucre y Santa Cruz, y Sucre–Potosí– Uyuni. De esta manera, de nuevo, Chuquisaca se integra a un circuito económico nacional y tiene alcance a los puertos chilenos y peruanos. Juan José Bonifaz, un economista sucrense, propone por otra parte, un “Corredor del Sur” como alternativa al “Corredor Central”, que conecta Puerto Martinhos (Brasil) con Antofagasta (Chile) que, por cierto, es una propuesta presentada por Brasil, Argentina, Chile y Paraguay en abril de 2015 a ZICOSUR. Por tanto, el autor recomienda que una alianza estratégica con ZICOSUR sea importante para el desarrollo de la región. Por último, que ya no es una propuesta sino un proyecto de ley, el diputado suplente Oscar Urquizu presenta un plan de integración a un circuito económico central. Es decir, el Corredor Ferroviario Bioceánico del Sur se presenta como una alternativa de menor costo en relación al Corredor Bioceánico (el tramo Sucre–Potosí–Uyuni ya existe, pero requiere adecuación). Según el estudio de Urquizu el ahorro para el país –de construirse esta alternativa– significaría un total de 2.110’697.526 millones de dólares (el Corredor Bioceánico en proyecto actualmente significa 3.874.630.000 millones de dólares) y la construcción podría concluirse en un tiempo récord de 2 años. Sin obviar, por supuesto, que este proyecto requiere de la coordinación interdepartamental en el sur de Bolivia –porque vendría a ser la región más beneficiada– y Cochabamba, pero también que las distancias entre puertos chilenos es muy corta y que son puertos que pueden manejar grandes volúmenes de carga.

Algunas conclusiones

Está claro que el fallo en La Haya significa plantearse nuevos escenarios. Las 4 propuestas descritas, revelan una cuestionante general: la falta de voluntad política es igual a una falta de respuesta adecuada de las élites en el país por integrar a Bolivia o por consolidar a Bolivia como un centro de integración económica en la región. Esto no quiere decir que, al menos en Chuquisaca, Gobernador o Alcalde de Sucre no estén a la altura de las circunstancias. Esto va más allá: Chuquisaca puede impulsar al sur de Bolivia por su situación geográfica y los recursos hidrocarburíferos que están por explotarse –aunque aquí cabe decir que de permitir un proyecto bioceánico o de explotación de recursos naturales, las élites deben ser capaces de buscar vías sostenibles, que no pongan en riesgo al medioambiente, que parece no ser una cuestión central en el sur de Bolivia– pero requiere de un cambio en la manera de hacer las cosas. No se exaltan aquí propuestas que, por no ser del MAS, son necesariamente válidas. Lo que debe buscarse es, de una vez, que las élites del sur de Bolivia se integren y busquen solución a su desplazamiento por sus pares del centro.

Si alguien se pregunta dónde radica la deslegitimidad de los políticos en Bolivia, aquí puede encontrarse que el regionalismo es una de las razones más fuertes. Por esto urge pensar estratégicamente, en la búsqueda por el desarrollo de Bolivia y, en este caso, del sur boliviano tomando en cuenta la situación económica de Brasil, Argentina y Paraguay en lo que se refiere a sus volúmenes de exportación de soya a nivel mundial. El primero, mantiene el 2do puesto en producción mundial de soya (aprox. 86 millones de toneladas), el segundo está en el 3er puesto (aprox. 53 millones de toneladas) y Paraguay, en 6to lugar (aprox. 10 millones de toneladas).