Por: Franz Barrios Villegas

Contexto:

En dos años más, hacia finales del 2019, se llevará a cabo en Bolivia una elección  para renovar a los principales servidores públicos de los órganos ejecutivo y legislativo a nivel nacional. Seguramente será un punto histórico de inflexión política como culminación de una ruta que ya empieza a caldearse.

La coyuntura político-electoral que nos proponemos analizar tiene, por lo tanto, una línea temporal  que se proyecta en un período de 24 meses de creciente polarización y un desemboque o epicentro que se mostrará en su máxima tensión el día de las elecciones generales.

Al año siguiente, 2020, la democracia política en nuestro país tendrá un segundo episodio electoral cuando el voto ciudadano renueve los órganos ejecutivo y legislativo del nivel sub-nacional (9 Gobiernos Autónomos Departamentales y 339 Gobiernos Autónomos Municipales), situación que  deberá merecer otro análisis.

Juego dialéctico de contingencias:

Aplicando el método dialéctico del conocimiento y habiendo delimitado el contexto (coyuntura electoral) es necesario inventariar las circunstancias o contingencias más relevantes que concurrirán en diferentes campos de inter-acción, influyentes en este proceso político:

Primer entramado: “Democracia directa, democracia participativa y Partidos Políticos”

En las elecciones generales del 2019 se producirá un resultado político muy concreto: descargar el poder político de la democracia participativa y directa de la ciudadanía (probablemente más de siete millones de votantes sobre diez millones de habitantes que tiene aproximadamente Bolivia ) en los canales institucionales de la democracia representativa (expresada en la intermediación de los Partidos Políticos como actores políticos legalmente reconocidos) a fin de manejar por delegación temporal ese poder, en los órganos ejecutivo y legislativo a nivel nacional.

El ejercicio de abrir el cauce de la democracia directa (a través del voto ciudadano) y  la confrontación democrática de los actores políticos (partidos) para recibir una delegación política de gestión pública por un periodo constitucional de cinco años desembocarán dialécticamente en la concreción de una necesidad histórica: elegir a los mandatarios y parlamentarios a nivel nacional. Para llegar a este resultado concurrirán, en un primer campo de tensiones políticas, la ciudadanía en general y los partidos políticos participantes.

Segundo escenario: Objetivos específicos de la contienda electoral.

 El voto secreto de cada ciudadano/a determinará, por acumulación mayoritaria, la elección nacional del Presidente y del Vice-presidente del Órgano Ejecutivo Nacional y la de 130 Diputados y 36 Senadores del Órgano Legislativo Plurinacional.

En el caso del órgano ejecutivo, los dos mandatarios elegidos corresponderán a los candidatos del Partido que obtenga la mayor votación nacional, mientras que en los asambleístas o legisladores nacionales, los resultados departamentales determinarán una gama más abierta de parlamentarios provenientes de distintos partidos.

En este segundo escenario de  juego contradictorio de contingencias enfrentadas se podrá constatar un choque eminentemente político entre partidos con un caudal  ideológico diferente y/o antagónico ya que su objetivo específico será hacerse del gobierno nacional y contar con una mayoría parlamentaria.

La expectativa central de los Partidos habilitados es recibir, mediante el voto, un mandato político que les permita gobernar y legislar.

El punto neurálgico de toda contienda democrática es, obviamente, lograr la elección del Presidente y Vice-presidente para manejar el órgano ejecutivo nacional.

Sin embargo, la gobernabilidad, fortaleza y estabilidad del órgano ejecutivo dependen directamente de la correlación de fuerzas políticas al interior de la Asamblea Legislativa Plurinacional. La mayor aspiración de un Partido es obtener, por ejemplo, dos tercios de votos en cada una de las Cámaras para asegurar una buena gestión del gobierno nacional, además de tener una fuerza interna suficiente para la sanción de leyes.

Tercer campo de fricciones: Confrontaciones políticas en la fase pre-electoral.

La situación actual de la coyuntura política, pese a que ya se vislumbra el horizonte electoral del 2019, presenta una configuración de circunstancias inestables o ambivalentes:

  • Se mantiene latente y hasta confusa la proyección de los candidatos a Presidencia y Vice-presidencia del Gobierno nacional. En la polarización política de estos últimos años – que ha separado las aguas entre un Partido oficialista (MAS) y una oposición inorgánica – se ha llegado al extremo de convertir la re-elección de Evo Morales en el epicentro del evento electoral; queda en el vacío cualquier sugerencia sobre otros candidatos, sean estos de oposición o del mismo partido de gobierno.
  • El desmoronamiento de los partidos políticos (MNR, ADN,MIR y otros menores) no ha dejado ninguna plataforma sólida para una re-edificación rápida de nuevos instrumentos políticos. La misma compactación coyuntural de una “oposición abierta y amorfa”, que canaliza todas sus fuerzas hacia el debilitamiento del proceso de cambio, el cuestionamiento del gobierno nacional, la condena del partido oficialista y el bloqueo a la postulación de Evo Morales, ha desperdiciado tiempo y oportunidad para construir un actor político alternativo que pueda ser capaz de asimilar las nuevas condiciones políticas vigentes.
  • El MAS-IPSP es el único instrumento partidario compacto y de alcance nacional; tiene un rol protagónico en el manejo de las entidades territoriales del Estado Plurinacional; y cuenta inobjetablemente con una propuesta sólida de gestión pública. Sin embargo, acusa una insuficiencia notable en materia de formación política en sus cuadros, dirigentes y servidores públicos; además, en algunos niveles de gestión pública se ha mostrado vulnerable en materia de idoneidad y transparencia.

Todas estas circunstancias o contingencias se inclinan más hacia la confrontación superficial de conflictos sociales y políticos de coyuntura (movilizaciones por todo y por nada, intangibilidad, re-elección, escándalos digitados, etcétera) antes que al tratamiento estratégico de los problemas de fondo que enfrenta el país              (integración continental, acceso al mar, soberanía real, desarrollo social, fortaleza y estabilidad económica, construcción estatal, preservación de la vida, la tierra y la naturaleza, revolución del conocimiento, etcétera). Es la vieja práctica  de hacer política mediante atrincheramientos superficiales y episódicos cuando la realidad nacional demanda un comportamiento diferente.

Restablecer el sentido político-estratégico de las elecciones generales:

Un logro inobjetable del cambio en Bolivia, reconocido como ejemplar ante los ojos del mundo entero, es la implantación real e irreversible de la democracia participativa y directa del pueblo, es decir del Sujeto Histórico decidiendo por sufragio universal, el destino social, económico y político de toda la sociedad. No se conoce en el contexto internacional un caso como el de Bolivia:  en materia de democracia política logró que un 70 por ciento de la población total (siete millones de votantes sobre diez millones de habitantes), en la calidad de ciudadanía y mediante el voto, participe y decida elegir o definir  por referendo, cuestiones sustanciales del país.

En este contexto, el voto ciudadano tendrá que definir en 2019 y luego en 2020, tres objetivos históricos que van más allá de la simple elección coyuntural de unos cuantos servidores públicos:

  1. Elegirá a quienes garanticen la continuidad del proceso de cambio, en los términos y alcances que este camino ha logrado en los últimos 11 años. El poder político del Sujeto Histórico (pueblo) será delegado o transferido temporalmente a servidores públicos que cumplan la misión estratégica de asegurar, proteger y fortalecer los objetivos estratégicos del cambio integral ya emprendido mediante los mecanismos de la gestión pública.
  2. La voluntad política del pueblo fortalecerá la democracia representativa como un sistema que permite y garantiza la presencia orgánica y plural de actores políticos (partidos) de diferente orientación. Será la implementación efectiva de la democracia política permitiendo el juego de mayorías (simple mayoría, mayoría absoluta o mayoría por dos tercios) en el órgano legislativo nacional, al mismo tiempo de reconocer la legitimidad de los dos conductores del órgano ejecutivo nacional.
  3. Estos dos objetivos intangibles a primera vista deberán aterrizar visiblemente en la decisión individualizada y secreta de cada ciudadano o ciudadana para elegir al Presidente y Vicepresidente, así como al Senador o Diputados que legítimamente merezcan su mayor confianza.

En las elecciones nacionales del 2019 el voto soberano del pueblo elegirá formalmente a sus mandatarios y representantes, pero decidirá en el fondo la continuidad o ruptura del proceso de cambio y el fortalecimiento de una práctica política asentada en un práctica democrática de mayorías y minorías. El viejo juego “partidocrático” y elitario de: alternancias en el poder político, de protagonismo de actores sin vinculación orgánica con  organizaciones y movimientos sociales, de cheques en blanco a título de estar aplicando la voluntad del pueblo, habrá quedado simplemente en un triste recuerdo.

Si los resultados electorales desembocan en algo adverso a estos tres objetivos yuxtapuestos, se habrá cambiado el rumbo y la situación del país en un sentido claramente regresivo.